Ep. 3. Çe Fini Le France
26 Septiembre, 2015
Ep. 5. BOOM !
15 Octubre, 2015

Ep. 4. Solo es Agua

 Chamanismo Belga

He rezado a todos los Dioses, enterré un cuchillo, prometí lealtad a Santa Clara de Asis y hasta le pedi a San Isidro Labrador que no lloviera. Pero llovió.

He tenido que hacerme al mal tiempo. Hasta este momento todo había sido sol y carreteras maravillosas, secas y con curvas.

Llevo unos cuantos días metido en rectas de 50 km y lluvias de “Ahora si, ahora no” que ajustan la intensidad dependiendo de mi estado de ánimo. Llevo casi 2 años contándole a todo el mundo que el Sol me persigue. He estado en Nueva York, Madrid y San Sebastian algún tiempo e incluso allí me he bañado en Noviembre. Solo decir que mi rutina diaria, desde Agosto hasta casi Diciembre del año pasado, era leer un rato en Gros por las mañanas. Todo esto se acabó y he llegado a pensar que el universo me quiere dar una lección.

Amanecía nublado, de esto que no sabes muy bien que pasará… pero era subirme en la moto y chaparrón. Me bajaba y paraba la lluvia. Me subía… y chaparrón otra vez.

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Embutido en mi traje de agua, a 60km/h en rectas infinitas me dirigí hacia Mons. De camino esperaba encontrar carteles de Bélgica a la derecha o Bélgica a la izquierda, pero no ha sido el caso. Me di cuenta de que había cruzado la frontera porque los coches cambiaron de matricula, pero sobretodo por la forma de conducir.

En Australia tenía un amigo de Singapur, ciudad de ley y respeto. La leyenda cuenta que tirar un chicle al suelo conlleva un buen castigo. Este querido personaje podía esperar durante el tiempo necesario a que el semáforo de peatones se pusiera en verde incluso en calles con una visibilidad de 25km. Pues Bélgica es el Singapur de Europa. He visto poner los intermitentes en maniobras que son 98% recto 2% giro. Me han puesto los warning al ver que me aproximaba a la friolera velocidad de 55km/h en una calle de 50km/h. He esperado durante horas a que cruzaran hordas de gente en pasos de cebra infinitos y sin semáforo. He visto caras de pánico al adelantar coches en calles congestionadas y me he creído famoso al ver como ciudades enteras miraban a ver que hacía. Lo peor de todo es que ha coincidido con que la Flaca y yo empezamos a tener confianza y me estoy soltando con las maniobras exigentes y la ley motera universal de “si hay hueco pasa”.

Una vez admitido por mis propias conclusiones que me encontraba en Bélgica, me puse a buscar carteles dirección Mons. Mi tio Pascal vive allí e iba a ser mi primer encuentro con un familiar y también mi primera posibilidad de hablar con alguien durante mas de 5 minutos sin tener que utilizar gesto alguno mas que el deseado, ni inventarme frases en mi vergonzoso Frances de guardería.

No suelo utilizar el móvil pero cuando entro en ciudades, está lloviendo, no tengo donde dormir y la hora de cenar con la primera persona que me va a regalar conversación y cariño se acerca, lo tengo que sacar.

Código de desbloqueo, abro Google maps, y se apaga el iPhone. Me dice adios con un maravilloso 12% de batería que me iba a llevar a un lugar seguro y seco.

En ese momento la lluvia decide que es poco chaparrón e intensifica su calado en un 140%. Momento que aprovecho para dar puñetazos a la mochila del tanque y gritar desesperado palabras en arameo y lenguas muertas, casualmente en frente de una iglesia y con bastantes caminantes belgas hechos perfectamente a la lluvia con cara de espanto por mi terrible situación y manera de sobrellevarlo. Obviamente perdí las posibilidades de ayuda.

Una vez enchufado el maldito iPhone a mi bateria extra encontré el hotel.

Completo.

wtf
Just-water

La chica de recepción, muy simpática, se ofreció para buscarme otro hotel por la zona… y lo encontró, pero a 30km. Me comentó que era una situación extraordinaria, pero que todos los hoteles de Mons estaban completos estos días debido a unas convenciones de empresas variadas.

Con mi iPhone enchufado a la cajita de los milagros, me dispuse a buscar un Airbnb, un Coachsurfing e incluso le empece a dar al corazón verde como un poseso en el Tinder. Después de un rato, encontré una casa a 15min en moto. Me valía.

Damira y su familia son de Kazakhstan y llevan mas de una década en Mons. Me acogieron maravillosamente bien aunque me sentí muy raro en una habitación tan grande y cómoda. Me duché durante 20 minutos sin tener que darle a ningún botón y me fui al encuentro con Pascal.

Fue una autentica maravilla verle, me enseño Mons en el tiempo que tuvimos, me invito a cenar en un suculento y casero restaurante y al día siguiente desayunamos juntos en la plaza mayor y me enseñó su casa antes de marchar hacia el Norte de Bélgica en busca de mi querido Mar. Gracias Pascal por un tiempo inolvidable.

Al día siguiente amaneció nublado pero con cielos semi-abiertos y un rayo de esperanza solar. Damira me preparó un desayuno de campeones y cuando salí de su garaje y pillé carretera… Chaparrón.

En ese momento, y gracias a mi ultima experiencia con la lluvia, que me enseño a encintarme los pantalones a las botas para que el agua no se metiera dentro de ellas, creando un desagradable charco interior y dejando en ridículo al GoreTex y todos los ingenieros que se han dejado la vida en el, paré debajo de un ruidoso puente, grité de nuevo en arameo y lenguas mas muertas aún y con valor y repitiéndome constantemente que “SOLO ES AGUA” tomé a la Flaca por los cuernos y a 60km/h y otra vez en rectas infinitas puse rumbo a la costa.

Empezó a oler a sal, el cielo clareaba y yo no tenía mas rumbo que encontrar un trozo de playa, sin querer aparecí en un pueblo llamado De Panne, del que me había hablado mi primo Diego.

Una pequeña calle insinuaba olas a lo lejos, me metí sin dudarlo, y aparecí en una increíble playa, con el Sol saludando tímido entre nubes grises y rabiosas. Me bajé de la moto, caí de rodillas en la arena y me puse a llorar de emoción. Me saltaban las lagrimas en forma de tormenta belga y me costó un rato recomponerme, momento en el cual me di cuenta de que no estaba solo.

Un simpatico señor con una vespa y un carricoche se acercó a consolarme por que se pensaba que me sentia mal o tenia algún dolor. Le conté que era de alegría, charlamos un rato y marché a buscar un camping barato, que encontré nada mas girar la calle y por 7 Euros pasé la noche, me duché y hablé con San Isidro Labrador una vez mas, para ver que rollito me llevaba para las próximas jornadas.

pano-playa

Al día siguiente paré una vez mas en la playa de las lagrimas de Wen, me despedí, le di las gracias, miré a la derecha al cielo azul, y cuando miré a la izquierda unas nubes encabronadas con mi entusiasmo por el buen tiempo me retaron claramente a salir pitando por que amenazaban con una tormenta épica de venganza a Wen, señor del tiempo soleado.

Durante 50km escapé hacia el cielo azul, con las malditas nubes pisando los talones. En el momento que fui consciente de que la nube era mas rápida que la Flaca encontré un camping cualquiera, rápidamente pregunté el precio, 11,50. Acepto, saco la tienda de la maleta para montarla a toda leche, y… Chaparrón. Os juro que solo era una nube. Encima mío. Se veían otras a lo lejos entre cielo y cielo, bendiciendo o maldiciendo a saber a quien. La mía era la mas cabrona de todas. Esperé durante un rato porque sabia que tenia mi batalla ganada, cuando la nube se despistó monté la tienda en 1/3 de lo que suelo tardar, y una vez dentro, cayó la de San Quintin.

En ese momento fui consciente de que tenia que hacer las paces con la lluvia. Todas las mañanas he incluido en mi lista de frases “It's just water”. Respire, acepte que esto iba para largo, y desde ese momento el cielo y yo hemos hecho las paces.

pano-sol
Papas
gaviotas

No me ha vuelto a llover tanto. Alguna gota que otra, pero no así. Y mi manera de sobrellevarlo es totalmente diferente.

Me quedé dos noches en Middelkerke esperando que pasaran las nubes grises que seguían poniendo a prueba mi nueva actitud y cuando aclaró, el Domingo, me puse rumbo a Bruselas ya que de sorpresa y sin plan alguno, Alexei, un amigo, me ofrecía cobijo durante alguna noche.

Salí pronto esa mañana, mi plan era parar en Brujas antes de comer, después poner rumbo a Gent, tomar algo por el centro y llegar a Bruselas a media tarde.

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En Brujas me encontré Policia en cada calle con acceso a la ciudad… confundido por la situación saqué la conclusion de que era Domingo y quizás había mercadillo o las hordas de nuevos turistas semi-otoñales hacían imposible el paso a motor por el centro. Con pena, decidí que volvería a Brujas con la futura madre de mis hijos aun por descubrir, a un hotel maravilloso y pasearíamos juntos atónitos con la Venecia del Norte. Puse todas mis esperanzas en Gent y pillé carretera de nuevo, esquivando coches a 10km/h, asustados al tomar curvas de circuito de autoescuela y de nuevo señalizando maniobras mas sutiles que el despertar de un chino (broma de Dani Rovira).

Cuando aparecí en Gent, me encontré con la misma situación. Todos los accesos a la ciudad estaban cortados al trafico, esta vez por jubilados aburridos de decir que no a turistas ansiosos por contaminar su centro histórico. La señora que me impedía el trafico sabia poco ingles, pero pude entender que hasta las 7 de la tarde permanecería cerrado. Me tomé un vinito en frente de una de las vallas q me separaban de un buen rato de conducción, y cuando el aliento disimulaba mi picaresca, puse rumbo a Bruselas.

Por el camino me encontré pueblos enteros cortados al trafico, cada vez que un cartel señalaba mi destino, le seguía una valla con policía y un cartel que claramente prohibida la entrada a toda maquina a motor. Tardé mas de 9 horas en hacer 200km. Una vez en Bruselas y con mi destino a tiro de piedra volví a encontrarme con otra valla mas, la ultima. Eran las 18:55. La amable policía con un mejor ingles que la jubilada de Gent, me explico que era el día Nacional sin Autos. De repente lo entendí todo. Amablemente le dije que si podia pasar, que quedaban 5 minutos para que quitaran la valla, pero como buena defensora de la ley, me negó en rotundidad mi intento por acortar el viaje 20min. Desconsolado volví a tomar un desvío y llegue a casa de Alexei cuando casi caía la noche.

Han sido días maravillosos en familia, con sus tres retoños alegrándome la vida y largas charlas bajo el cobijo de un árbol que hace de paraguas y costillares a la barbacoa. Gracias Alexei por devolverme al mundo familiar y cálido durante unos días.

Bélgica ha sido extraño, la lluvia y el mal tiempo no me ha dejado disfrutar plenamente del país, que cuando el Sol lo acariciaba, sus colores y sus llanos paisajes me dejaban sin palabras y con una sonrisa tan grande como sus rectas. Después de la inmensa Francia, entrar y salir de Bélgica en menos de una semana me ha resultado poco. Volveré a Mons, ciudad de estudiantes y buen rollo. No creo que vuelva a la costa, repleta de casinos e intentos de ser Benidorm, pero sin Sol y con aguas violentas. Ha sido fugaz, intenso y me ha permitido, al final, hacer las paces con las grises nubes, que con su buena intención, riegan los campos para regalarnos con el buen tiempo, colores y contrastes maravillosos.

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Ahora pongo rumbo a Nederland, país del cual espero mucho, y llevo años queriendo visitar. Se que el nivel de ingles allí es mucho mas alto y tengo ganas de poder comunicarme con mas gente, conocer a juventud deseosa de escuchar largas historias sobre camiones que asustan, rectas dignas de la costa oeste americana y whiskey’s on the rocks sin hielo.

Holanda, prepárate.

Hasta entonces, buenos sean los caminos.

Love

Wen

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